Cristiano Ronaldo reina en el Parque de los Príncipes

Anoche tuvo lugar un formidable partido de fútbol en el Parque de los Príncipes; se citaban el campeón con el eterno aspirante y Europa entera vio cómo el Real Madrid remató a un PSG que ya venía tocado y herido en su orgullo desde el partido de ida en el Bernabéu.

De nada valieron los prolegómenos del partido, tan minuciosamente cuidados por el club parisino: ni el factor campo, ni haber convocado a los ultras, ni haberles dejado pasar al campo con bengalas (gesto vergonzoso se mire por donde se mire), ni tan siquiera Di María, Mbappé y Cavani.

De un tiempo a esta parte parece inútil cualquier esfuerzo por tratar de evitar que los vikingos arrasen a todo aquel que se ponga en su camino en un cruce de Champions League. Solo se puede hincar la rodilla y aplaudir al campeón cuando te pasa literalmente por encima.

Pero las cosas siempre suceden por algún motivo, del mismo modo que un objeto siempre es movido por la fuerza o el impulso que recibe de otro ser. Pues el impulso de este Real Madrid es Zidane, que anoche decidió alinear a los que mejor momento venían atravesando en las últimas semanas, y no a “los intocables”, que parece ser que ya no lo son tanto.

Es el caso de Lucas Vázquez y Marco Asensio, con su entrega, su lucha, su garra y su inmenso talento se han ido ganando un hueco en el once tipo de Zizou, yo por qué no decirlo, en el corazón de los madridistas.

 

 

El aficionado blanco se frotaba las manos anoche cuando veía al gallego desbordar y levantar la cabeza buscando el remate de Cristiano, casi siempre con el resultado esperado. Del mismo modo que emocionaba la forma de verlo entregado en cada repliegue y en cada balón dividido.

Cuando era el balear el que hacía lo propio, la sensación era que la joven perla volvía por el camino que le llevará a conseguir grandes cosas. A Dani Alves lo destrozó una vez más en los momentos clave y suya fue la jugada del primer gol del partido, que acabó con gol de Ronaldo a pase de Lucas.

La de anoche era una cita en la que se precisaba un equipo sólido y fiable. Y no hay uno mejor que el capitán de este barco, Sergio Ramos, que arruinó (con una tremenda suficiencia) absolutamente todas las intentonas del tridente parisino a la espalda de Marcelo. El de Camas iba tan sobrado ayer, que hasta se sumó al ataque en varias ocasiones buscando su premio en forma de gol.

 

 

Mención especial para Casemiro y Kovacic, que a falta de la dupla habitual formada por Kroos y Modric, se crecieron tal como la ocasión lo demandaba. Se fajaron en tareas defensivas y crearon todo el futbol que se vio anoche en la capital del país vecino. Hasta tal punto llegó su influencia en el partido, que fue precisamente Casemiro quien cerró el marcador anotando el 1-2 final.

Sin embargo, si hay algo claro es que el Real Madrid tiene un factor diferencial que no tiene ningún otro equipo en el mundo: Cristiano Ronaldo. Que alguien le explique a Yuri, Marquinhos, Thiago Silva o Dani Alves cómo se para a un hombre al que no se puede parar.

¿Cómo hace Areola para evitar que el depredador más voraz de este deporte vuelva a perforar su red? Simplemente no puede hacer nada.

Por más goles que marque durante un partido, nunca parece satisfecho. Sus 117 dianas en la máxima competición internacional de clubes lo avalan y atemorizan a los porteros rivales.

Ahora con el Madrid en cuartos y lanzado hacia la decimotercera Champions, sólo queda una incógnita: ¿Quién será la próxima víctima?

 

 

Adrián Salazar

Share this Post!

Related post