STRANGER THINGS

Aquellos maravillosos años

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Algo tiene la década de los ochenta que insufla un tremendo magnetismo a las generaciones posteriores. La música, su estética, sus logros sociales o un despertar cultural con pocos precedentes, nos siguen fascinando treinta años después. Stranger Things explota todo eso y algo más.

Me gusta pensar que el maestro Gabriel García Marquez, creador del realismo mágico, se engancharía a esta serie. Porque en Stranger Things todo es de lo más común hasta que deja de serlo, pero en un toque casi mágico, cuando la trama empieza a acercarse a la fantasía y la ciencia ficción, todo nos parece de los más normal, como si estuviésemos leyendo Cien años de Soledad.

La trama juega continuamente con el espectador y nos hace caer en sus trampas con dos cebos: el primero son las continuas referencias culturales, los protagonistas disfrazados de Cazafantasmas, los pactos infantiles sacados de los libros de Enid Blyton, las referencias a “Alien, el octavo pasajero” o incluso a “El Resplandor.” El segundo de estos cebos es la cercanía de sus subtramas a situaciones reales y que nos hacen sentir aquella vergüenza cómplice que vivíamos con “Aquellos Maravillosos Años”. Sumadas ambas circunstancias, la serie es absolutamente adictiva e imposible de abandonar.

En el plano interpretativo poco podemos destacar al margen de los adolescentes que empapan cada una de sus secuencias. Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin y Noah Schnapp, son los cinco protagonistas absolutos, secundados por una recuperada Winona Ryder (Alien Resurection, Reality Bites) y David Harbour (Banshee, Suicide Squad), que aportan el toque maduro y con sentido común a una historia que deja de ser descabellada, justo cuando los adultos empiezan a hacer caso a los niños.

Stranger Things se compone, hasta el momento, de dos temporadas (ya se ha anunciado la renovación por, al menos, una tercera). Sus diecisiete episodios están disponibles en la plataforma de Netflix. Aviso: empiece a verla con tiempo, una vez que arranque no podrá parar.

José Barroso.

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