BETTER CALL SAUL

Todo es susceptible de empeorar.

Breaking Bad dejó millones de huérfanos. No existe en nuestras pobladísimas parrillas un producto que se le acerque en calidad, interpretaciones, argumento y ritmo, pero si tenemos su precuela. Y mejora en cada temporada.

El universo creado por Vince Gillian y su habilidad para colocar la cámara en el lugar más insospechado, nació con millones de fans deseando volver a ver Walter White y a Jesse Pinkman. El cameo más ansiado de la historia de la televisión aún no se ha producido tras tres temporadas, pero la serie pequeña centrada en uno de los geniales secundarios de Breaking Bad, se está haciendo grande, muy grande.

Pero empecemos por el principio; el abogado con menos escrúpulos de Albuquerque no siempre fue así. Saul Goodman (que si se pronuncia rápido suena a algo así como “todo está bien, tío”), ni siquiera es su nombre real. En esta precuela conocemos su verdadera identidad, Jimmy McGill (Bob Odenkirk) y todo el conjunto de circunstancias que le hicieron descender a los infiernos, mezclarse con los narcos mexicanos y convertirse en el inefable abogado de Heisenberg.

Conoceremos los inicios del cartel, la decadencia de la familia Salamanca y el origen de su encarnizada guerra con “Gus” Fring (Giancarlo Esposito) o como Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) parece ser el casual catalizador entre todos ellos.

La trama se inicia muy alejada del producto que nos enamoró a todos, pero no es más que un ejercicio de perspectiva. Se toma distancia para comprender mejor las relaciones, reacciones, personalidades y enfrentamientos. Una especie de crescendo hacia lo que ya conocemos, que acaba resultando delicioso.

Better Call Saul necesita algo de paciencia, acostumbrarnos a sus nuevos personajes y a la nueva vida de los antiguos, pero supura la esencia de Vince Gillian en cada toma y hará las delicias de los fans de Breaking Bad que sepan esperar.

El ansiado cameo llegará y volveremos a ver a Walter en el despacho de Saul, pero mientras, la serie tiene personalidad propia. Sus tramas están perfectamente delineadas y concluidas. Los secundarios de antaño han ganado protagonismo y su creador ha dado rienda suelta al humor negro más caustico. Todo ello consigue que olvidemos a Heinsenberg y disfrutemos del metraje como un producto nuevo que, poco a poco, se acerca al antiguo. Mientras; larga vida a Jimmy McGill.

La serie se emite en Movistar + y ya puedes disfrutar de sus tres primeras temporadas completas.

José Barroso

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