Los monólogos alargan la vida

Los médicos aseguran que reírse es bueno para la salud; que incluso da años de vida y que es hasta terapéutico. Quizá sea cierto y al final todo lo que necesita uno en la vida es soltar una carcajada de vez en cuando.

Algunos tienen la suerte de acabar su jornada laboral y llegar a casa para reír junto a su pareja o quedar con amigos para reír con ellos hasta llorar. Pues al fin y al cabo, ¿qué hay mejor en esta vida que llorar de la risa?

Otros, sin embargo tienen el privilegio de poder desternillarse más de una vez durante su jornada laboral, sin darse cuenta de que probablemente gracias a ello se están regalando años de vida.

Al fin y al cabo, lo que demanda el usuario a la hora de ver la televisión o de consumir contenidos online es que le hagan reír. Y por suerte, en este país tenemos un grandísimo elenco de personas que se dedican a hacer reír. Personas a las que podríamos haber llamado superhéroes. Pero modestamente, hemos venido a llamarlos humoristas.

Dentro de la rama del humor, hay un grupo particular que hace de esta tarea un verdadero arte: los monologuistas. Son un particular grupo que se nutre de la carcajada ajena; que saben cómo empatizar con el receptor para hacer aflorar esa felicidad y esa alegría que ansía salir del pecho.

Esto me lleva a recordar que incluso los hay que cantan en medio del monólogo para animar al público a “venirse arriba”. David Guapo, por ejemplo, es capaz de hablar sobre cómo llegó al mundo y de pronto, cantar una canción cuyo leitmotiv es “hay que frunjir”.

También recuerdo algún otro que suelen recurrir a los temas más cotidianos, que suelen ser los que más divierten por ser los que mejor crean esa conexión entre el monologuista y el oyente. Dani Rovira responde a ese perfil de humorista que hace a la gente empatizar con lo que cuenta. Porque hablar de una madre cebando a un hijo en plena playa y obligándolo a guardar seis horas de digestión nos recuerda a “alguien” y nos hace reír.

Sin embargo, me viene a la mente ahora mismo un grande entre los grandes. Aquel que se arriesga a escoger siempre el mismo tema como base de sus monólogos y jamás repite argumentación o historia. No se si usted, querido lector, sabrá de quien estoy hablando. Me refiero al hombre que ha forjado su leyenda haciendo monólogos sobre americanos, Goyo Jiménez. Este maestro se dedica a hacernos reír ensalzando absolutamente todo lo que hacen los norteamericanos en determinadas situaciones y después lo compara con su caso homólogo en España. Es decir, lo que haría un español en esa misma situación. Y así por ejemplo, con su “no lo cuento, lo hago”, nos hace imaginar cómo habría sido la llegada a la luna por un español.

 

Casi me atrevería a decir que es obligatoria una dosis de esta medicina periódicamente. Porque ya que tenemos a los mejores humoristas para nosotros, ¡consumamos humor! !riamos! Y después demos las gracias a esta clase de médicos por regalarnos años de vida.

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