TABOO

Hay que tener amigos hasta en el infierno.

Taboo es una serie oscura, intrigante, magnética y adictiva. La trama comienza en la Inglaterra de 1814, momento en el que la Compañía de las Indias Orientales impone su voluntad incluso a la monarquía, mientras los recién nacidos Estados Unidos, intentan independizarse de ambas instituciones.

Tres contendientes todopoderosos que tendrán que alcanzar uniones, alianzas y, más tarde traiciones, para luchar contra un solo hombre: James Delaney (Tom Hardy), un antiguo trabajador de la Compañía, apátrida, siniestro, inteligente y peligroso. Delaney llega a Londres tras una década desaparecido, para hacer valer sus derechos testamentarios sobre una porción de tierra, Nutka, clave para el comercio con oriente y que se disputan los tres poderosos contendientes.

Sin entrar a valorar el rigor histórico (algún guionista olvidó que la corona española también reclamaba Nutka para sí), la serie está poblada de secundarios iluminados, personajes fascinantes y una fotografía impactante. Los bajos fondos londinenses, sucios, embarrados, deprimentes, marginales y corruptos, son un personaje más de una historia con algún retazo sobrenatural e interpretaciones majestuosas.

Sobresale el siempre acertado Tom Hardy, presente en cada escena. Pero también Jonathan Pryce como el despiadado director de la Compañía de las Indias Orientales; Michael Kelly, comedido y taimado espía estadounidense; y una sobresaliente Oona Chaplin, que engrandece e ilumina cada una de sus pocas escenas en la serie.

Ocho capítulos que saben a poco pero que acaban siendo un metraje perfecto, en el que ni sobra, ni falta nada. Con la calidad habitual de la BBC y ya disponible en HBO.

José Barroso.

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