Juan Martín García: “Mis novelas son películas escritas con el formato de un libro”

Juan Martín García (Madrid, 1979) ha residido la mayor parte de su vida en Chinchón, pero también en Madrid, Valdemoro, León, Villanueva de la Cañada y Leganés. Ha estudiado Ciencias Empresariales, siendo segundo de su promoción. La mayor parte de su vida académica y laboral ha estado vinculada a las ciencias y a los números. En los últimos años ha cambiado su rumbo profesional hacia el mundo de las letras. Comenzó escribiendo guiones cinematográficos, pero acabó centrándose en la narrativa. Empezó con el libro Conspiración Vírica y su apasionante trama de suspense. Después, escribió tres obras de ciencia ficción: Triglidio, La Nación Next Human 1 y 2. También se ha atrevido con el género épico en 9 Facciones.  Por último, en literatura infantil, ha creado dos obras más: por un lado, Mila Vampira, y por otro, Sunny, Dragoncito y Angelito, el Malo. Su próximo proyecto es una novela histórica sobre un acontecimiento desconocido para la mayoría, pero sumamente interesante.

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La mayor parte de su vida académica y laboral ha estado vinculada a las ciencias y a los números. Ha trabajado en el Hospital Gregorio Marañón, la Consejería de Medio Ambiente, el Colegio de Guardias Civiles Jóvenes de Valdemoro, el Instituto de Estadística o la Consejería de Economía y Hacienda; y habiendo colaborado con varios altos cargos de la Administración de la Comunidad de Madrid, ¿por qué motivo decide en unos años pasarse al otro bando, al de las letras?

Para responderte a esta pregunta tengo que hablar de mi abuelo Inocencio, al que dediqué mi libro Conspiración Vírica. Él fue un gran inventor adelantado a su tiempo, pero murió cuando yo tenía tres años y no le recuerdo. Mis familiares me contaron muchas anécdotas sobre él, me mostraron fotos suyas y me hablaron de su trabajo. Esto despertó en mí el deseo de acercarme a la figura de mi admirado abuelo.

A mí me gustaría “crear” algo como Inocencio y en dos ocasiones pensé que había llegado a hacerlo. Diseñé un sistema para ahorrar agua y un ajedrez para cuatro jugadores, pero resultó que ya estaban inventados, alguien se me había adelantado.

Por ese motivo me pasé al mundo literario, otra de mis inquietudes. Las historias que he escrito son sólo mías.

¿Encuentra la escritura como una forma de canalizar su imaginación?

Siempre he tenido mucha imaginación. Cuando era pequeño me venía muy bien para jugar; después la fui dejando de lado al no encontrarle ninguna utilidad, hasta que empecé a escribir. Hoy en día se ha convertido en una de mis mejores herramientas: me permite escribir sobre diversas temáticas. No te sabría decir cuál es mi género, algún día puede que triunfe uno de mis libros y la Editorial me pida que me especialice en uno concreto, pero, de momento, doy rienda suelta a mi imaginación.

¿Cómo decide la temática de los libros y el argumento de cada capítulo? ¿Tiene algún criterio?

Cuando he intentado forzar mi mente para tener una buena idea que sea la base de un libro determinado… no lo he conseguido. La inspiración llega sin esperarla, en los lugares más insospechados. Por poner un ejemplo: mientras visitaba el Oráculo de Delfos en Grecia, me vino la inspiración para escribir un drama ambientado en España. Mientras escuchaba al guía la explicación del recinto arqueológico, tuve que sacar el móvil y teclear como loco las ideas surgidas en el bloc de notas por miedo a que se me olvidaran.

En lo referente a los capítulos, suelo hacer un pequeño resumen de unas seis páginas que me sirva de guía. Después, empiezo a escribir y, según avanza la historia, voy cambiando cosas. Rara vez el libro termina como tenía planeado, pero eso es lo bonito de la escritura, a veces sorprende hasta al propio autor. He leído, en innumerables ocasiones, que es mejor tenerlo todo fijado antes de empezar, pero a mí ese sistema no me funciona. Mi lema es: «Escribe y déjate de tonterías, ya habrá tiempo de realizar modificaciones». Lo que está claro es que si no empiezas, nunca llegarás al final.

En el mundo literario se estrenó como guionista, y más adelante se atrevió con la narrativa. ¿Cuál es el registro con el que se siente más cómodo?

El formato de un guión cinematográfico tiene mucho diálogo y poca descripción; hay personas que se encargan del vestuario, otros de los decorados, etc. Eso los convierte en una lectura dinámica, con pocas interrupciones. Los libros son más completos, obras indivisibles; mientras que los guiones forman parte de un conjunto mayor. Desde mi punto de vista es más sencillo escribir un libro, cualquier persona ha leído a lo largo de su vida decenas o incluso cientos de ellos; los guiones de cine, en cambio, son bastante difíciles de conseguir para tener una referencia. En mi caso en particular, lo difícil fue escribir el primer libro y el primer guión, el resto llegaron con menos esfuerzo.

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Una de sus obras que le llevó al triunfo y el consecuente galardón al Premio Escriduende a la mejor novela de intriga, en la Feria del Libro de Madrid 2015, fue Conspiración Vírica, un guión convertido en novela de suspense, ¿por qué decidió novelarlo?

Una vez escrito, en cualquiera de los dos formatos, cambiarlo es relativamente fácil, requiere solo trabajo, dedicación y documentarse sobre las diferencias entre ambas formas de plasmar una historia.

La trama del libro está centrada en la investigación de la cura del VIH por el Dr. Rocasolano, que es obstaculizado por el propietario del laboratorio, el señor Spencer, que oculta el hallazgo para seguir enriqueciéndose con la venta de los fármacos. Cuéntenos el porqué de esta trama, ¿cree que hay una conspiración de la industria farmacéutica interesada en el negocio que conlleva el acceso al costoso tratamiento?

Mi libro, Conspiración Vírica, nos hace reflexionar sobre asuntos tan en boga de todos como el capitalismo tan atroz que sufrimos en nuestra sociedad, sobre los avances científicos o sobre el poder de las farmacéuticas. A todos nos suenan casos como la Gripe A, el Ébola o la Hepatitis C, en los que se aprecia cierta falta de ética profesional por parte de los que dirigen este sector.

Hoy en día, el SIDA ha dejado de ser una enfermedad mortal siempre que se tenga acceso al costoso tratamiento denominado TARGA, compuesto por varios fármacos combinados cuyo coste oscila entre los 500 y 1.000 euros mensuales. Si multiplicamos esas cantidades por 12 meses y por unos 30 años, ya puedes imaginar que las cifras son desorbitadas.

A mi parecer, no creo que a la industria farmacéutica le interese mucho descubrir una cura para el VIH. Dejarían de ganar ingentes cantidades de dinero con los tratamientos crónicos y, además, se erradicaría la enfermedad, matando así a la gallina de los huevos de oro.

Con esto no quiero decir que dude de científicos, médicos, enfermeros, farmacéuticos, etc., estoy convencido de que realizan su trabajo de la forma más profesional; de quien no me fio es de los laboratorios y de las empresas farmacéuticas. Vivimos inmersos en un capitalismo agresivo donde lo que importa es el dinero, no las personas.

¿Conspiración Vírica está basada en hechos reales?

Me gustaría matizar que Conspiración Vírica es una novela de ficción, no quiero recibir ninguna denuncia de la industria farmacéutica. Ahora bien, dicho esto, tengo que aclarar que lo que planteo en el libro podría estar pasando perfectamente.

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En la portada del libro aparece un virus muy grande, ¿no crees que puede llegar a asustar a alguna persona algo más sensible?

Conspiración Vírica es básicamente una obra de suspense, destinada a la generalidad de las personas. No hace falta tener ningún tipo de conocimiento médico para entenderlo, se aleja del típico género americano del thriller científico plagado de datos técnicos que a veces acaban convirtiendo la lectura en tediosa.

Las anteriores obras que han tratado el tema del SIDA solían ser dramas: el protagonista se infectaba del virus, desarrollaba la enfermedad, su cuerpo iba degenerando progresivamente hasta que un día moría de forma triste. En Conspiración Vírica, el enfoque es totalmente distinto; aquí se habla de la publicación de la cura, pero no de la enfermedad en sí.

¿Qué destacarías del libro?

Tiene una trama muy elaborada, vertiginosa, con continuos giros argumentales y un final totalmente inesperado. En cuanto menos te lo esperas, todo lo que creías que iba a suceder, salta por los aires. Nada ni nadie es lo que parece. Hay asesinatos, conspiraciones, historias de amor, suspense, traiciones, sexo, etc.

Los personajes son otro de sus fuertes, son bastante complejos y se alejan del concepto de arquetipo. Ellos, ni son policías, ni detectives, ni tienen siquiera las aptitudes o voluntad necesarias para destapar la conspiración; son personas normales con otras preocupaciones, pero que se ven envueltos en mitad de la vorágine de acontecimientos.

JUAN MARTIN2¿Pretendes crear polémica con este libro?

No, mi objetivo con el libro es entretener al lector y despertar algo en él, que le lleve a sus propias reflexiones. Yo no tengo pruebas de que exista una conspiración de la industria farmacéutica, pero mi cerebro va recibiendo inputs continuamente de la televisión, radio, prensa, internet, cosas que me cuenta este o aquel, etc. No se trata de pensar lo que te digan qué tienes que pensar, cada uno tiene que tener su propia opinión de las cosas. Yo percibo que el mundo no funciona bien y podría escribir libros como Conspiración Petrolera, Conspiración Bancaria, Conspiración eléctrica, Conspiración Política, etc.

¿Recibió críticas por parte del entramado científico?

Todavía no soy lo suficientemente famoso como para ser una amenaza. De todas formas, vivimos en un entorno capitalista muy agresivo. Se han destapado otras muchas conspiraciones y el mundo ha seguido igual. Por poner algún ejemplo, la obsolescencia programada de los electrodomésticos: con la tecnología actual podrían durar treinta años, pero los programan para que a los ocho años se te estropee una pieza que vale más que la lavadora entera. Hace tiempo se inventó una bombilla que no se fundía: no interesa, es más beneficioso para el fabricante que compres una nueva cada cierto tiempo. También me hablaron de medias que no se rompían: el capitalismo prefiere que te duren como mucho un mes; los coches eléctricos se inventaron hace muchísimo tiempo, pero los combustibles fósiles generan mucho dinero. Hay infinidad de casos como estos, basta con consultar internet.

Si pudiera escoger un terreno en el que le asegurasen el éxito, ¿cuál sería: el cinematográfico o el narrativo?

Mis novelas, en realidad, son películas escritas con el formato de un libro, por lo que realmente me cuesta elegir. Si me apuntaras con una pistola y me dieras dos segundos para responder, diría… supongo que el cinematográfico.

¿Se declara fan de alguna serie o programa de televisión?

Supongo que no soy demasiado original en este aspecto, soy fan incondicional de Juego de Tronos, me parece que la serie de televisión mejora los libros y normalmente sucede todo lo contrario. De hecho, ha influenciado en parte mis propios libros; de vez en cuando también me cargo de repente algún personaje principal para sorpresa de mis lectores.

¿Una emisora de radio y una cadena de televisión?

No me identifico con ninguna en particular, sino que veo y escucho los contenidos que me interesan, sin importar dónde los pongan.

¿Cuál es su día a día?

Por las mañanas desempeño mi trabajo en la Consejería de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid; por las tardes aprovecho para escribir un rato, asistir a algún acto, realizar alguna entrevista, etc. Cuando encuentro algún ratillo me gusta hacer deportes como el pádel y la bici de montaña. Un par de veces al año, disfruto viajando, es una de mis pasiones cuando la economía lo permite; me encanta empaparme de nuevas culturas y aprender continuamente.

¿La anécdota más graciosa o comprometida de su vida?

Las tres veces que he entrado en Estados Unidos me han retenido en la zona de inmigración del aeropuerto. Me suelen llevar a un cuarto y me tienen retenido un tiempo hasta que comprueban no sé muy bien qué. Cuando les pido explicaciones, me dicen: “same name” (mismo nombre); deduzco que debe haber algún traficante que se llama igual que yo. Cuando volví a España tuve pesadillas durante una semana, veía a los agentes de inmigración estadounidenses diciendo con cara de mala leche: “next” (el siguiente). Por un lado, fue traumático porque llegué a pensar que no salía de allí, pero tuvo su lado positivo: partiendo de esa base se me ocurrió la idea para escribir un libro de ciencia ficción, La Nación Next Human.

¿Dónde se ve en un par de años? ¿Y en 20?

Si hablamos desde un punto realista, seguramente cerca de donde me encuentro ahora mismo. Si por el contrario plasmo mis sueños… en un par de años puede que tenga en mi haber algún best seller mundial y en 20, Steven Spielberg haya adaptado al cine alguno de mis guiones.

¿Una virtud y un defecto de Juan Martín García?

Soy una persona muy activa y perseverante, siempre estoy dándole vueltas a al coco, buscando nuevas tramas, personajes, inventos, etc. Esas dos virtudes me convierten a la vez en alguien que, a veces, se encabezona demasiado buscando alcanzar sus metas.

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